martes, 9 de diciembre de 2014

Nanowrimo 2014


Bueno, va a ser hora de empezar a estrenar este blog, dado que en breve voy a publicar y me cree esto justo para tal fin.

Para romper el hielo hablaré de este mes de noviembre.

Noviembre es uno de mis meses favoritos, empieza a hacer frío, se nota que se acerca el invierno pero no demasiado, se respira un aire vacacional, pero no demasiado, hay gente por el centro de Madrid, pero no demasiada.

Se huele la Navidad, pero las calles siguen sobrias, los centros comerciales empiezan a vestir sus medias de rejilla y aun no se ha estrenado el anuncio de la Lotería, y mucho menos el de Freixenet.

Bueno, esto era antes, este año la lotería se ha lucido con una de las... pero que no vamos a hablar de esto, carajo.

Noviembre es sobre todo, para mi, el mes del NaNoWriMo (National Novel Writting Month). Que ya de por si es un mal anagrama, porque debería ser World en vez de National, ya que participamos gente de todo el mundo. Para aquellas personas que eso les suene a palabro raro, es un concurso de buena fe donde escritores/as de todo el mundo se sientan a intentar crear una novela de 50.000 palabras en un mes. Parece una locura y de hecho, muchos autores lo desprecian o lo menosprecian. Escribir sin pararse a corregir, sin pararse a pensar, documentarse seriamente o meditar.
Pero a mi me encanta.

Evidentemente, no está pensado para escribir libros así. O eso dicen, las cinco novelas que tengo, las comencé en diferentes Nanos y las fui acabando en meses sucesivos. Años en algunos casos. Porque aunque he ganado casi cada año (hubo uno que me pilló de viaje por México y como que no), 50.000 palabras no es suficiente para lo mucho que me enrollo.

Escribir así, sin pausa, con un ritmo marcado por un contador y no por la inspiración puede ser nefasto, o todo lo contrario. Cuando tienes una meta, no te paras a pensar, y se alcanza un estado Zen que, al menos en mi caso, desemboca en un torrente de creatividad que ni el mismo autor sabía que estaba ahí. Cuando no te paras a pensar, los personajes hablan solos, las cosas suceden sin saber como y te conviertes en un pasajero de la musa.

Es una experiencia fascinante si llega a suceder. No se si al resto le pasa, pero a mi si. Y cuanto menos lo prepare, mejor suele resultar. El Zen de la escritura. Un año de pensamientos inconclusos que se materializan en un mes de desenfreno.

Este año no resultó tan bien como otros, por varias razones. La primera, posiblemente, es que estaba escribiendo una tercera parte. La tercera novela de la saga de Lilian Valyr, y me encuentro algo inseguro, porque algunas observaciones de los lectores betatester no fueron enteramente positivas y siempre está la sombra de la continuación: "La primera era mejor".
Ese peso se nota, me lastra.
La otra razón es la pequeña Lorelei, que requiere más atención, más tiempo, pero sobre todo estar disponible el 100% del tiempo para atender las necesidades. Y eso evita que mi mente se centre en la historia.

Sin embargo conseguí llegar al objetivo, una victoria pírrica, porque otros años casi he triplicado la meta, pero sigue siendo una victoria. Cien páginas de "Sombras del Valhalla" vieron la luz y Lilian volvió a la vida, que era algo que me estaba pidiendo.

En fin, eso es todo lo que hay que comentar del Nanowrimo de este año.

O no. Otra cosa fantástica del Nano es que no estás solo. Es el momento del año en el que muchos escritores (debería usar el femenino para el plural, porque ellas son muchas más) nos juntamos en la aventura. Tenemos quedadas, frikeamos, nos reímos, compartimos cosas y nos sentimos una comunidad, y eso es bonito. El resto del año seguimos ahí, conectados por las redes sociales y alguna quedada eventual, pero en noviembre es como si fuéramos la pandilla de la playa que se reúne en verano. Y eso merece la pena. Mucho.

Y ahora a dedicarme a publicar y terminar trabajos. Que para eso estamos aquí.

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